Vilnius

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Vilnius fue la primera parada del viaje y nos produjo el primer contraste de sentimientos. Lo que a primera vista nos pareció una ciudad sosa, tras pasar tiempo en ella y sobre todo a la vuelta, comparándola con el resto de lugares, podemos decir que esta obra maestra del barroco tiene un encanto que deja huella. Vilnius tuvo la suerte de no sufrir destructivos bombardeos o intensos combates durante la Segunda Guerra Mundial, lo que permitió conservar en perfecto estado la ciudad vieja.

Como en todas las ciudades grandes existe la Vilnius city card El precio de la tarjeta varía según el número de días y si la coges con o sin transporte público. Va desde los 15€ por 24h y sin transporte, a los 30€ por 72h con transporte. Nosotras no somos muy fans de estas tarjetas porque casi nunca visitamos museos y solemos movernos a pie, pero es una opción que el turista tiene que valorar.

Nuestra forma de hacer turismo consiste en visitar y ver todo lo que ofrece la ciudad sin obsesionarnos con entrar a los sitios. Las iglesias en muchas ocasiones son dignas de ver pero si no se puede entrar, no nos supone ningún trauma. Lo mismo nos pasa con los museos. Si el precio es asequible y tenemos tiempo, no dudamos en visitarlo, si se sale de nuestro presupuesto, no pasamos pena por no verlo. La forma que más nos gusta para conocer una ciudad es a través de los free tour, pequeñas rutas a pie guiadas donde no existe un precio estipulado, sino que al terminar se da la voluntad.

Vilnius FreeTourVilnius Free Tour

Hay tres formas de llegar del aeropuerto a la ciudad y sorprendemente el taxi es una de las más económicas si se viaja acompañado.

Bus – Hay cuatro líneas de autobús que conectan el aeropuerto con la ciudad. La parada principal de autobús es ‘Stotis’ y está situada situada junto a la estación de autobús y de tren de Vilnius.
El trayecto entre la ciudad y el aeropuerto es de unos 15 minutos y la frecuencia es regular durante el día. El precio por billete es de 1 euro y se le puede comprar al conductor (aunque comprar el billete de bus en un kiosko sale más barato que en el propio bus).
Tren – Se llega a la estación central de Vilnius en tan solo 7 minutos y los trenes desde y hacia el aeropuerto tiene una frecuencia de aproximadamente 50 minutos (entre las 6:30 y las 19:30). El precio del billete no llega al euro.
Taxi – Supongo que depende de la compañía pero a nosotras nos costó 6 euros la primera vez y 4 la segunda, desde la calle Vilniaus Gatve y tardamos 12 min.

Nosotras dedicamos tres días en total  a ver la ciudad, dos al principio y uno al final. En base a nuestra experiencia creo que es suficiente. Es una ciudad pequeña y manejable, que puede recorrerse a pie en un par de horas. ¡Ojo! sus calles son empedradas y nada cómodas si  no se lleva el calzado adecuado.

El casco histórico de la ciudad es el más grande de Europa y ha sido declarado patrimonio de la humanidad en 1994. Vilnius es la ciudad europea con mayor número de iglesias por metro cuadrado.

Vilniaus Rotušė

Por la situación de nuestro alojamiento, nuestro centro neurálgico en la ciudad fue la plaza del Ayuntamiento, lugar desde el que salen los Free Tour todos los días a las 12:00. El Vilniaus Rotušė es uno de los edificios más bonitos de Vilna, con fachada neoclásica y entrada similar a la de la Catedral que recuerdan más al Partenón que a una catedral o ayuntamiento al uso. En el siglo XIX fue convertido en teatro, después en un museo y hoy alberga una de las oficinas de turismo.

Ayuntamiento VilniusAyuntamiento de Vilnius

Pilies Gatve

La calle del Castillo es la más antigua y famosa de la ciudad, atraviesa todo el centro histórico de Vilna. Si el ayuntamiento fue nuestro centro neurálgico, esta calle la recorrimos de alante atrás por lo menos cien veces. Cabe destacar «6Blusos«, una tienda de antigüedades al final de la misma, cercana ya a la catedral. Pese al local diminuto, esta flea& vintage shop, se convierte en un minúsculo museo del juguete antiguo.

Pillies VilniusCalle Pilies Gatve

 La plaza de la Catedral

Al final de la Pilies gatve se encuentra la mayor de la plazas de Vilnius, nuestro primer destino tras dejar las maletas y comer algo.

La plaza se encuentra justo en el límite donde termina el casco antiguo de la ciudad y empieza la zona moderna. Las calles adoquinadas dan paso a grandes avenidas como Gedimino Prospektas, donde se encuentran los mejores centros comerciales. También está cerca la Torre de Gediminas. Lo que más nos llamó la atención es que el campanario de la catedral está separado del edificio. Esta torre aparte, tiene la peculiaridad de tener un altavoz que finge el ruido de los pájaros para mantener a las palomas a raya.

La catedral es la principal iglesia católica de toda Lituania. Data del siglo XIV, justo después de la cristianización del país. Durante la época soviética se convirtió en una galería fotográfica. Antiguamente todo el perímetro de la plaza estaba rodeado por un canal, de modo que los barcos podían descargar sus mercancías en la puerta de la Catedral.    

Entre las baldosas de la plaza hay una que tiene escrita la palabra “Stebuklas” (milagro) y que marca el lugar donde terminaba la cadena humana formada en 1989 por dos millones de letones, estones y lituanos como protesta por la ocupación soviética. Si uno encuentra esa baldosa debe dar un giro de 360º y pedir un deseo.

Plaza CatedralPlaza de la Catedral

Iglesia de Santa Ana y monasterio Bernardino

La primera y más pequeña es la Iglesia de Santa Ana, uno de los símbolos de Vilna y probablemente la iglesia más bonita de la ciudad. Se trata de un gran ejemplo de arquitectura gótica en cuyas paredes se pueden encontrar hasta 33 tipos de ladrillos diferentes. La fachada es sin duda su elemento más llamativo. Dice la leyenda que hasta el mismo Napoleón hubiera querido llevarla a París “en la palma de sus mano”. Fue construida por los frailes franciscanos a finales del siglo XV.

Junto a ella se encuentra la iglesia y monasterio Bernardino, uno de los edificios góticos más grandes de Lituania. Antiguamente formó parte de las murallas defensivas de la ciudad y el monasterio franciscano fue famoso por su gran biblioteca.

Santa Ana VilniusIglesia de Santa Ana

Tras esta visita dimos un pequeño paseo por el barrio de Uzupis y molidas tras el primer día de viaje nos fuimos a cenar. Encontramos nuestro sitio de comidas de confianza por casualidad, el Craftsmen pub en Didžioji g. 19. Precios económicos, comida típica lituana rica y local ambientado. Extrañamente dan comidas hasta las cinco de la mañana. Aquí fue donde experimentamos en nuestras propias carnes la lentitud al servir en los restaurantes lituanos, pero no teníamos prisa, estábamos reventadas de tanto caminar y el sitio era muy acogedor, así que nos limitamos a disfrutar de la velada. Tanto nos gustó que durante los días que estuvimos en la ciudad lo visitamos varias veces.

Literatu

Tras desayunar con parsimonia, nuestro segundo día de viaje comenzó con un Free Tour que salía a las 12.00 de la puerta del Ayuntamiento. Volvimos a visitar los lugares dónde estuvimos el día anterior aunque esta vez con un poco más de perspectiva. La visita guiada también nos llevó por el palacio presidencial, el barrio judío y  la universidad.

Conocimos lugares nuevos como Literatu, una calle peatonal en la que las paredes sirven de homenaje a artistas lituanos. Las paredes están decoradas con obras de arte relacionadas con escritores de todas las épocas que dejaron huella en la ciudad. Bien habitándola, bien nombrándola en sus obras, tanto si hablaban bien como si hablaban mal de ella. Pequeñas placas, dibujos o cualquier cosa que puede estar relacionada con el escritor pasa a formar parte de la decoración, donde se pueden ver cosas como una dentadura o un puñado de tenedores.  Es uno de los rincones más peculiares que se pueden ver en Vilnius y sin duda uno de los que más nos gustó.

Literatu Strasse VilniusCalle Literatu

Guetto judio

Desde el siglo XlV y atraídos por unos tolerantes duques lituanos, los judíos comenzaron a llegar a Lituania. Mercaderes, artesanos y comerciantes se convirtieron desde entonces en un componente fundamental de la identidad del país. En la ciudad vieja de Vilnius se formó un distrito judío y el censo indica que a comienzos del siglo XX la mitad de los 120.000 habitantes de la capital lituana eran judíos. Había en la ciudad más de 110 sinagogas y 10 yeshivas (centros de estudios de la Torá), así como una gran biblioteca con la colección más importante de libros en yiddish, lengua que hablaban la mayoría de los judíos de la ciudad. La ciudad era conocida como la “Jerusalén del Norte” debido al gran número de escuelas de estudio del talmud.

Todo parecía ir bien entre judíos y lituanos hasta que en 1881 los primeros comenzaron a ver como sus tiendas eran atacadas y robadas en lo que fue el primer brote de antisemitismo en Vilnius. Los judíos se unieron para defender sus propiedades y sus familias, pero eso no evitó que hechos similares se repitieran con cierta frecuencia durante las siguientes décadas, hasta que el 28 de octubre de 1939, en otro ataque antisemita, la policía, en lugar de intentar ayudar a los judíos, se unió al ataque. Aquello fue el comienzo del fin de aquel Jerusalén que había florecido en el frío norte de Europa.

barrio judio.jpgCalles del barrio judio

En junio de 1940, Lituania fue anexada a la Unión Soviética, y lo que los judíos pensaron que podría ser un salida al creciente odio hacia su pueblo no fue más que otro paso hacia la pérdida de sus bienes. Las escuelas hebreas fueron cerradas y los negocios judíos nacionalizados. Poco a poco iban perdiendo todo, y en 1941 muchas familias fueron exiliadas a Rusia como “elementos poco fiables”. Los alemanes tardaron poco en entrar en Vilnius y el 4 de julio de 1941 tuvieron lugar los primeros fusilamientos. Se crearon dos guetos, el primero se conoció como el Pequeño Gueto estuvo activo desde septiembre de 1941 a septiembre de 1943 y en él hubo hasta 29.000 judíos, principalmente ancianos, niños y enfermos, la mayoría asesinados en Paneriai, un bosque a 10 km de Vilna. El segundo de estos guetos fue conocido como el Gran Gueto designado para intelectuales, artesanos y cualquier persona capacitada para el trabajo. En él vivieron alrededor de 12.000 personas y sobrevivió hasta 1943. Dentro de su recinto estaba la Gran Sinagoga que tenía espacio para unas 5.000 personas y su biblioteca Strashun que contenía 18 rollos de la Torá. Hoy en día no queda nada de la sinagoga ya que fue demolida en la década de 1950 por los soviéticos . Gaono, Zydu, Ligonines o Stikliu gatve son algunas de las calles que formaron parte de esos guetos.

En Pylimo gatve, se encuentra la Sinagoga coral. Este templo sobrevivió a la destrucción nazi ya que durante la ocupación fue utilizada como almacén farmacéutico. Hoy en día está en perfecto estado y es frecuentada por la pequeña comunidad ortodoxa judía de la ciudad.

En Rudininku gatve se encontraba el Judenrat, el edificio encargado de la administración del gueto durante la ocupación nazi. Unos metros más allá, una placa marca el lugar donde se encontraba la única puerta que daba paso al gueto.  Los alemanes crearon dos guetos separados y ambos con una única puerta.

La Universidad

Fundada en 1579, es la universidad más antigua en Europa del Este. La universidad fue dirigida por jesuitas durante dos siglos, llegando a ser uno de los mayores centros de enseñanza del país.

Se puede pasear libremente por los trece patios de los que se compone el conjunto, parecen una extensión más de la ciudad. El patio más impresionante es el Gran Patio, otros patios que vale la pena mencionar son el patio del Observatorio, que dispone de un curioso observatorio del s.XVIII con los signos del zodiaco esculpidos en él y el patio del la Biblioteca, desde donde se puede apreciar el palacio central de la Universidad.

Junto a la universidad se levanta el Palacio presidencial, que perteneció a los obispos de Vilnius hasta y entonces pasó a ser la residencia del Gobernador General de Vilnius.

Después de la visita guiada y tras una parada para comer, continuamos  perdiéndonos por las calles de Vilna. Deambulando sin rumbo con el único afán de bajar la comida, encontramos el que será para siempre mi rincón favorito de la ciudad,  Mint Vinetu en la calle Šv. Ignoto g. 16. Este café librería es el lugar perfecto para desaparecer una tarde entre libros, café, paz, armonía y tranquilidad.

mint vinetuMint Vinetu, café librería

Gedimino Prospektas

La tarde del segundo día la dedicamos a recorrer la zona nueva de la ciudad, a lo largo de la calle Gediminio Prospektas. Esta avenida va desde la Plaza de la Catedral hasta el río Neris y alberga la mayor parte de las tiendas elegantes y centros comerciales, además de algunos importantes edificios administrativos, como el Parlamento o la oficina principal de Correos. A lo largo de esta calle también se encuentra el museo de las víctimas del Genocidio.

Puerta del Alba

Sin saber muy bien cómo dimos la vuelta completa a la ciudad buscando la puerta de la Aurora. Esta puerta marca el límite sur del casco antiguo siendo la única que se conserva intacta de las diez que tuvo la ciudad. Sobre ella se encuentra la Capilla de la  Virgen María, uno de los lugares de peregrinación más importantes del Este de Europa, tanto por católicos como por ortodoxos. Estos milagros van desde curar enfermos hasta castigar villanos.

En la Edad Media la persona que quisiera cruzar el arco tenía que pagar un pequeño impuesto o, a falta de dinero, traer una piedra ovalada para empedrar la calle.

Caminando la calle Aušros Vartų gatve que comienza en la puerta, llegamos al centro de la ciudad de nuevo.

Puerta Del AlbaPuerta de la Aurora

 

Torre de Gediminia

En nuestro último día antes de emprender rumbo por carreteras lituanas, decidimos aprovechar la mañana y a primera hora estábamos vistando la Torre de Gediminas. Antigua fortaleza construida por el duque de Gediminas en el s.XIV para proteger la ciudad. Para llegar se puede subir por un camino que hay junto al palacio de los Grandes Duques de Lituania o tomar un funicular (que en nuestra visita se encontraba en obras). La torre es la única parte que ha sobrevivido del castillo, alberga un museo donde mediante maquetas se muestra como era el castillo antiguamente. Hay que pagar 5 euros por entrar, visita que a nosotras nos pareció totalmente prescindible. Eso sí, vale la pena subir a la colina para contemplar las vistas.

IMG_20170915_112535.jpgTorre de Gediminas

Bastión de la Artillería

Para terminar la visita poniendo rumbo a la estación de tren donde recogeríamos nuestro coche de alquiler, pasamos a ver el bastión de la artillería. Una construcción recientemente restaurada que fue parte de la muralla de la ciudad y que contiene, una colección de armas y armaduras.

muralla VilniusBastión de Vilnius

Volvimos a Vilna a la vuelta, aunque no visitamos mucho más. Nos limitamos a disfrutar de la ciudad y a perdernos en sus calles. Tuvimos tiempo de tomar una cerveza en The Portobello en Aušros Vartų g. 7, un pub inglés con una excelente terraza para tomar una cerveza con buena música y aislado del tráfico, todo muy british.

Entre las cosas que nos sorprendieron de la ciudad se encuentra la existencia de máquinas de café en plena calle. Las típicas de monedas que en España están en las empresas o en recintos cerrados para coger un café rápido, en Vilna se encuentran en plena calle para coger un café de la que vas caminando.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo en el barrio de Uzupis, esperando encontrar algo que nunca existió, al menos para nosotras. El encanto bohemio con el que lo adornan para el turista se reduzca a unas pocas galerías de arte y unos cuantos restaurantes situados alrededor de una plaza, todo bastante consumista y con poco charming.

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