Sigulda

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Sigulda está situada en el Parque Nacional de Gauja, el parque más antiguo e importante del país. Es conocida es como la capital de invierno de Letonia y es uno de los pocos lugares del país donde hay algo parecido a un paisaje montañoso. Se la conoce también como la “Suiza letona“ por su naturaleza y sus paisajes con bosques.

Nosotras llegamos a Sigulda desde Kaunas, tardamos unas 5h en coche. Debo recordar que las carreteras en los países bálticos son casi todas nacionales y el límite de velocidad está limitado a 90 km/h. Conducir durante 5h en recto, sin montañas, a 90 y con camiones es una experiencia inolvidable, que te hace maldecir el universo. He de decir que también puede ser muy divertido si se viaja con la otra Lu 🙂  El caso es que llegamos a Sigulda (Letonia) alrededor de las 7 de la tarde en la más absoluta oscuridad.

Sigulda ofrece un montón de atracciones tanto históricas y culturales como deportivas. Se pueden hacer numerosas actividades que nosotras no hicimos por falta de tiempo, como por ejemplo: caminatas, canoa, bicicleta, puenting y esquí en invierno. Eso sí, tuvimos la suerte de poder hacer bobsleigh, algo con lo que no contábamos y que nos hizo muy felices.

Sigulda es una zona donde los amantes del deporte disfrutarán en plena naturaleza. Si se quiere hacer alguna actividad por la zona os recomendamos estar mínimo 2 días completos. En esta zona nos quedamos cortas de tiempo, estuvimos una noche, llegamos sin luz y anduvimos con el tiempo muy justo. Nos quedó pendiente una caminata por el Valle del Gauja.

No llegamos muy tarde pero ya era noche cerrada y aunque intentamos ver el Castillo de Sigulda, aparte de que estaba a punto de cerrar, era tontería porque la escasa luz no te permitía ver nada. Soy consciente de que en España pecamos de contaminación lumínica, pero ir por el camino de acceso al castillo casi a oscuras alumbrándonos con la linterna del móvil no me parece muy efectivo.

Una vez desechada la idea de conocer la ciudad de noche, decidimos buscar un supermercado y un sitio donde poder cenar. Teníamos nuestras dudas sobre el supermercado ya que era un sábado a las nueve de la noche, cual fue nuestra sorpresa cuando dimos con uno que abría hasta las 23.00h, pero no conseguimos encontrar ningún restaurante o bar abierto. Puedo entender que estuviésemos fuera de temporada, pero un sábado por la noche solo vimos abierto un bar, una mini bolera al lado del supermercado completamente vacía y una casa de apuestas; las cafeterías y restaurantes estaban todas cerradas. ¿Qué hace la gente que vive ahí durante todo el año para divertirse un sábado por la noche cualquiera? ¿A dónde van?

Teníamos antojo de pizza y en nuestro alojamiento no disponíamos ni de horno ni de microondas, así que nos pusimos el reto de encontrar una pizza comestible costase lo que costase. Tras varias vueltas por el pueblo terminamos en un centro comercial al que jamás sabría volver. Llegamos a las 21:45 pero supusimos que aunque las tiendas estuviesen cerradas, los restaurantes abrirían por lo menos hasta media noche. Craso error, únicamente un Cili Pizza que cerraba a las 22:00. Con las prisas pedimos para llevar lo primero que vimos que incluía pizza y  bebidas. Entre el cansancio y el poco interés de los lituanos por hablar inglés mi mente entró en un viaje espacio-temporal en el que la pizza no estaría preparada hasta las 23.00 pero el centro comercial cerraba en quince minutos. Mi mente gripó y me encontré pensando en qué hacer durante una hora y cuarto en ese sitio con todo cerrado, no entendía por qué iban a tardar tanto en cocinar una pizza si casi no tenían gente, no entendía porque esa gente quería quedarse haciendo horas extra por darnos de cenar. Y mientras yo no entendía nada y la otra Lu me miraba horrorizada pensando que me había perdido para siempre, nos trajeron la pizza. Según aparecieron con ella mis ojos no daban crédito a lo que veían, una caja enorme difícilmente transportable hasta el coche. Con las prisas habíamos pedido una pizza de 50cm de diámetro con dos coca colas XL, para dos personas. De vuelta al alojamiento y continuando con mi gripamiento mental decidí trazar un plan sobre cuántos días de alimento tendríamos gracias a esa pizza, mientras Lu intentaba seguirme el rollo todo lo que podía. Cual fue nuestra sorpresa al descubrir que tras la inmensa caja se encontraba una pizza gigante de diámetro pero muy fina de masa.  Tristemente la mega pizza solo nos duró una noche.

Castillo de Sigulda y castillo de la orden Livona

A la mañana siguiente comenzamos la visita que habíamos dejado aparcada la noche anterior. Una vez en la calle principal de Sigulda (Raina iela), lo primero que se ve es la Iglesia de Sigulda. Junto a la Iglesia se encuentra la entrada al castillo Nuevo (Siguldas jaunas pils), construido en el s.XIX, perteneció al príncipe ruso Kropotkin. Hoy en día alberga oficinas del ayuntamiento de la ciudad. En su parte posterior se encuentra el castillo de Sigulda construido por la Orden de Livonia en 1209, en un promontorio desde el que se podía controlar los territorios circundantes. Aunque después cambió de manos y fue dañado en varias guerras, quedó definitivamente abandonado tras la Gran Guerra del Norte. Las ruinas del castillo están restauradas y hoy en día se puede subir a una de las torres desde la que contemplan unas vistas del valle del Gauja, sobresaliendo a lo lejos las torres del castillo de Turaida.

Castillo Sigulda

Los castillos de Sigulda y de la orden Livona son una visita 2×1. El primero de ellos no necesita entrada ya que no se puede visitar, solo se puede andar por sus jardines. Para el que si se necesita entrada es para el segundo castillo. El precio de la entrada es de 2€ adultos / 1€ estudiantes. Una vez dentro se puede dar un rodeo por el patio y las ruinas y se puede subir a una de las torres de vigilancia.

Castillo SiguldaCastillo de la orden Livona de Sigulda

La orden Livonia o los Hermanos Livonios de la Espada, fue una orden militar cristiana de la época medieval, fundada en 1202 por el Obispo de Riga  y compuesta por monjes-guerreros alemanes (de Livonia). Estaba basada primordialmente en los estatutos de los Caballeros Templarios.

La visita estuvo bien, el precio es asequible y además nos ganaron dejándonos tirar con ballesta completamente gratis. Coincidimos con dos excursiones, un autobús de americanos y un autobús de germanos. Corroboramos una vez más que los estereotipos a veces son ciertos, no entraré en detalles porque es demasiado pronto para labrarme enemigos.

Cueva de Gutmana

Tras la visita al castillo seguimos, sin darnos cuenta el recorrido turístico típico de la zona, así que en cada una de nuestras paradas nos fuimos encontrando con los autobuses de americanos y germanos. La siguiente parada fue la Cueva de Gutmana , la cueva más grande de las repúblicas bálticas con 19m de profundidad, 12m de anchura y 10m de altura, famosa también por su papel protagonista en la leyenda de la Rosa de Turaida.

Cuenta la leyenda que el secretario del castillo encontró a una niña en brazos de su madre muerta después de una guerra, y la crió como propia. Le puso el nombre de Maija, aunque después fue conocida como la Rosa de Turaida. Maija se hizo mayor y se enamoró de Víctor, el jardinero. Como no podían hacer público su amor, usaron la cueva de Gutmana para sus encuentros amorosos.
Una vez prometidos, Maija recibió una carta de Víctor para un encuentro en la cueva, pero cuando llegó la estaba esperando un soldado polaco. El soldado quería violarla y ella, al ver que la cosa acabaría mal, usó el ingenio para mantener intacto su honor. Le dijo que si la soltaba le daría un pañuelo mágico, que protege al portador, y que ella lo usaría para demostrarle su “magia”.
El soldado, que era muy burro, quiso comprobar esa “protección” y la mató de un hachazo. Acusaron a Víctor del asesinato pero se demostró que no fue así.

Aunque se trate de una leyenda, tiene mucha parte de verdad ya que existen los papeles del juicio contra el soldado. Ahora la cueva está esculpida con los nombres de los enamorados que van allí a prometerse amor eterno .

La vista a la cueva es gratis pero el único lugar para dejar el coche es un parking cercano al aire libre que cuesta  2,5€

cueva SiguldaCueva de Gutmana

Museo-reserva de Turaida

Tras la visita a la cueva, tocaba la siguiente parada: el castillo de Turaida. Esta reserva cuenta con varias casas que albergan diferentes exposiciones sobre las tradiciones, la artesanía y el estilo de vida de la región a lo largo de la historia. Entre las edificaciones sobresale la iglesia de madera de Turaida, una de las más antiguas de Letonia, la iglesia actual data de 1750 y fue restaurada en 2010 siguiendo las técnicas de la época y utilizando el mismo tipo de madera para no alterar su aspecto original. Durante nuestra visita tuvimos la casualidad de coincidir con una misa en la Iglesia de madera, cual fue nuestra sorpresa al descubrir que los asistentes a la misa iban vestidos de forma antigua, parecían sacados de un poblado Amish. Era un bautizo e incluso el carrito del bebé pertenecía al siglo pasado.

La estrella del complejo es el castillo, una fortaleza de ladrillo rojo construida por el obispo de Riga en 1214. El castillo perdió su importancia tras la introducción de las armas de fuego y quedó definitivamente abandonado después de un incendia en 1776. Hoy en día alberga un museo sobre la Orden Livonia y la historia de la región, se puede subir a la torre del homenaje desde la que se contemplan buenas vistas.

castillo TuraidaVistas desde la torre del homenaje del castillo de Turaida

El precio de la visita son  5€ adultos / 3€ estudiantes. El parking cuesta 1,5€, hay un vigilante que cobra y te da un ticket para dejar en el coche.

Nosotras somos muy reacias a pagar para visitar museos, somos conscientes que se necesita dinero para mantener y restaurar los edificios históricos pero creemos que si se paga entrada se debe recompensar al turista de alguna manera ofreciéndole algo diferente que le recompense, en mi caso es salir habiendo aprendido algo nuevo. Este castillo salvo la subida a la torre del homenaje  y el paseo por sus instalaciones, no tiene nada diferente que ofrecer. Obviamente es de visita obligada, al igual que nos pasaría en su momento con el castillo de Trakai. Ya que estás en el lugar debes visitarlo, pero cuando se visita un sitio como este yo espero salir habiendo aprendido algo nuevo y no fue el caso.

Estaba masificado de turistas, cosa que no me gusta porque no te deja visitar el recinto con tranquilidad. Las exposiciones no aportaron nada, aprendí más sobre la orden Livona buscando en internet que  leyendo los paneles informativos de la exposición. Hay que destacar que la información se encuentra en todos los idiomas menos en español, algo que nos pasó durante todo el viaje. Los paneles están traducidos al inglés, francés y alemán pero siempre se olvidan de nuestro idioma, quizás porque somos menos los turistas que visitamos la zona con nacionalidad española. Ocurre lo mismo en las oficinas de turismo y en los free tour. Por ejemplo en Polonia sí que existe información en español y sí que se hacen free tours en nuestro idioma, pero en los países bálticos por alguna extraña razón tienen el español completamente olvidado.

Bobsleigh

Tras pasar la mañana culturizándonos sobre la historia letona, decidimos probar suerte antes de marchar en el recinto del bobsleigh. No las teníamos todas con nosotras ya que en muchos sitios decían que podría estar cerrado. De hecho, cuando llegamos todo parecía indicar que estaba cerrado. Pero como la esperanza es lo último que se pierde decidimos entrar y comprobar por nosotras mismas. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos recibió una señora letona con una sonrisa indicándonos el recorrido.

El bobsleigh es el deporte más famoso de las olimpiadas de invierno, también tiene su versión de verano, poniendo ruedas en los “trineos”. Para nosotras fue lo mejor de la visita, supongo que nos hizo más ilusión porque no contábamos con ello. El descenso dura unos minutos e impresiona más de lo que parece cuando coge velocidad.

El precio es 10€ adultos – 7€ niños (hasta 14 años). El horario puede ser un problema ya que cuando nosotras estuvimos solo abría sábados y domingos  de 12.00h a 17.00h, así que tuvimos mucha suerte. Es una experiencia muy recomendable, si bien es cierto que un solo trayecto sabe a poco y después de rodar la primera vez, siempre quedan ganas de volver a subirse una segunda.

Boblsleigh Sigulda
Trineo de bobsleigh

Pista BobsleighPista de bobsleigh

El Sendero Natural de Ligatne, hubiese sido una buena opción, en caso de habernos quedado más tiempo. Según cuentan permite disfrutar los paisajes de la región y ver de cerca algunos animales de la región como los castores, alces, ciervos o bisontes en una especie de zoo al aire libre.

Cesis también nos faltó por ver, a 35km de Sigulda cuenta con un  barrio viejo donde se entremezclan antiguas casas de madera con mansiones de estilo art noveau. El lugar más importante es el castillo fundado en el s.XIII por la Hermandad de los Caballeros Portaespadas y posteriormente utilizado por la Orden de Livonia. Dicen que merece la pena verlo por lo peculiar de su visita, ya que te dejan un candil al entrar para subir alumbrándote con él por las empinadas escaleras de caracol que tiene el castillo.

Pese a faltarnos cosas por ver nos fuimos de Sigulda con muy buen sabor de boca y con una sonrisa de oreja a oreja después de subir en bobsleigh. Con la intención de que si algún día se nos vuelve a presentar la oportunidad volveríamos con más tiempo.

 

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