El poder de la comida

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En estas fechas tan señaladas debo hacer una confesión: me gusta comer. Así que pese a parecer un poco Grinch de la Navidad, las disfruto a mi manera. Quién se lo iba a decir a mi madre, que en mi infancia se desvivía porque tragase algo para no morir desnutrida. Actualmente no hay día que no me diga que debo comer menos, paradojas de la vida.

Lo mío viene de herencia. Tengo los genes de mi abuela paterna, de ella saqué el carácter alegre y las ganas de comer. Soy feliz comiendo y estoy muy orgullosa de ello.

Que comer da felicidad, es un hecho científicamente probado ya que al comer se libera dopamina. Este neurotransmisor se considera como el centro del placer, regula la motivación y el deseo, y es vital en la regulación del humor. Así que en cierto modo, comer cosas ricas te hace estar de buen humor; el mítico estereotipo del gordito feliz. Esto me lleva a hacerme ciertas preguntas: ¿las personas son obesas porque disfrutan mucho comiendo y al comer mucho engordan?, ¿o son personas que para alcanzar la misma sensación de saciedad y placer tienen que comer más?.

Como decía, los científicos aseguran que al comer se libera dopamina y está demostrado que cuando tenemos hambre, los primeros mordiscos provocan una mayor liberación de esta. Pero estoy segura de que no se libera la misma cantidad al chupar un apio que al comer una hamburguesa. Queda claro que comemos por placer pero también por necesidad, no hay nada mejor en esta vida que comer con hambre o beber con sed. 

ComidaComer = Felicidad

No soy de paladar exquisito pero como mi meta es alcanzar la felicidad a través de la comida, prefiero las pizzas al brócoli. Con la edad y el autocontrol soy capaz de disfrutar de la verdura si está bien cocinada y viene en pequeñas dosis. No tengo plato favorito aunque soy muy feliz con las costillas de cordero y los macarrones con chorizo. No soporto la menestra ni la piña, si no me queda más remedio las trago sin rechistar. Pero si hay algo que me caracteriza es que tengo fijación por el chorizo. Mi obsesión por él merece mención aparte, así que desarrollare mi vicio en futuras ediciones. Mi teoría es que todo con grasa sabe mejor, incluso la menestra. A las verduras cocidas le echas un poco de tocino y un choricín pa que cuezan juntos y pasa de un 2 al un 7 por lo menos.

No entiendo a la gente que no le gustan ciertos alimentos. Puedo entender las alergias alimenticias pero ningún tipo de comida es desdeñable, a no ser que hablemos de insectos fritos. Hay gente a la que no le gusta el queso, sin embargo aceptan de buen grado las pizzas de cuatro quesos ¿Es verdadero asco o son ganas de llamar la atención?

Mi talón de Aquiles, junto con la menestra, es la piña. Aunque sola puedo llegar a tolerarla en caso de necesidad, la piña en una pizza es inadmisible para mi: ¿por qué?, ¿qué necesidad hay?, si no se echan el resto de frutas ¿por qué piña?, ¿qué clase de Lobby está detrás del consumo de piña? Este es uno de los misterios alimenticios que nunca comprenderé, inquietante Iker.

Es fascinante preguntarse ¿a qué saben las cosas raras? y la respuesta siempre es ¡a pollo! El sabor a pollo es un estándar universal para lo desconocido. Las ancas de rana saben a pollo, la carne de ballena sabe a pollo, probablemente la carne de cocodrilo sepa a pollo también. Misterios del universo, habrá que llamar a Iker para que nos lo explique.

Hay veces que nos obsesionamos con ascos que no son analizados de una manera objetiva. No te gustan los caracoles pero te encantan los bígaros. ¿Qué son los bígaros más que caracoles marinos? respuesta incoherente: pero les da el agua y están más limpios, no tienen esas babas. Y ahí te quedas.

Como todo en esta vida que te guste comer tiene sus partes buenas y sus partes malas. En mi caso quizás me guste tanto comer porque no sé vivir con hambre, me transformo y muto como los Gremlins. En cuanto mi cuerpo empieza a mandar señales de que tengo hambre con sensación de estómago vacío, tengo exactamente una hora de autocontrol hasta encontrar alimento. Al cabo de esa hora no me hago responsable de mi misma y si no me das de comer aquí, ahora y ya, la furia de Lu invadirá el mundo. La otra Lu, que me sufre a diario, cada vez que vamos de viaje tiene preparado un kit especial anti-shock de hambrunas por si se nos hace tarde y no encontramos a tiempo un sitio donde comer. Por suerte soy fácil de conformar y con unas barritas de cereales, unas patatitas o unas chocolatinas se suele conseguir otra media hora de margen (darse cuenta que estoy hablando de los elementos en plural). El problema es que cuando llego a estar en estos mínimos no suelo disfrutar tanto comiendo ya que mi único objetivo es tragar para llenarme lo antes posible y que la furia se vaya de mi. No todo es malo, soy una persona a la que se le puede conquistar fácilmente por el estómago. De hecho podrías venderme cualquier cosa mientras me tienes entretenida con una buena comida.

Comer es una forma de socializar, igual que fumar también puede serlo. Todos los vicios producen confraternización con tus semejantes. Quedar para bajar a fumar y quedar para ir a comer pueden aumentar tu círculo de amistades. En la vida de las personas hay momentos que quedan grabados a fuego en el recuerdo. En cuestión de comidas mi gran momento hasta el día de hoy se produjo en Illas (Asturias) en el restaurante La Tenada, el día que me comí seis platos asturianos del tirón.

A la entrada de este chigre se encuentra un gran cartel: “Hoy tenemos lo de todos los días”. Su menú del día consiste en seis platos principales, tres postres, café y chupito. No se elige entre esos seis platos uno, no, en Asturias nos gusta hacer las cosas bien y aquí se comen todos, uno detrás de otro hasta llegar a los postres. El menú lo forman: pote de berzas con su chorizo, morcilla y tocino, lomo adobao con huevos y patatas fritas, picadillo, callos, lechazo al horno y ternera guisada. De postre, queso de La Peral con membrillo, frixuelos rellenos de arroz con leche y tarta helada. Rematando con café de pota y orujo de la casa. Por 22,50€ puedes tocar el cielo con las manos, o si lo haces bien con la punta del ombligo.

La TenadaComida en La Tenada

Está claro que no se puede ser feliz todo el tiempo, tristemente mi metabolismo no me lo permite. Ser hedonista de la comida es muy duro, a veces hay que hacer sacrificios como la dieta para poder subsistir y vivir más años para pasar más tiempo comiendo. Pero os contaré mi truco navideño de la felicidad, ponerme a dieta unos meses antes para tener un mayor margen de engorde durante las fiestas y así llegar al uno de enero con mi ombligo rozando el cielo. 

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