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3 días antes de Lulea
Aug 9th, 2009 by Lucia

Ayer fui fuerte y no lloré, pero no lo suficiente porque una vez más me volvi a casa antes que nadie, si es que la edad no perdona. Despedida multitudinaria y un gran reto conseguido: reunirlos a todos dentro del mismo espacio-tiempo. Quedé bautizada como Lu de Lulea que a mi me suena a nombre de escribano de la edad media. La mesa de la cena estaba puesta en forma de L, si es que piensan en todo, sólo les faltó llevar pompones para gritar mi apodo.

Regalos asturianos durante todo el día, la camiseta con la bandera de Asturias, la bandera firmada por todo el mundo y el mejor de todos: el poster para mi habitación de la foto con la Paci-pandilla y ¡Pacita nombrandome embajadora del Paci-reino!. Ayer fue alegre y triste a la vez.

¡Sidras!

Cenando

¡En la botelluka!

Chicos os voy a echar mucho de menos.

Lu de Lulea

Cuando no te ponen pincho
Jan 3rd, 2008 by Lucia
Las cafeterías se suelen escoger por su ambiente acogedor, un camarero guaperas, porque sepas que tu amor platónico va a estar allí o porque ponen pincho. Desde que cerraron Juan (¡ay, mi Juan!) comunmente conocido como Palio (algún día contare la historia de Juan, su presunta hermana y un embarazo de dos años), sólo nos queda la última opción para escoger dónde pasar el rato por las tardes.
El problema viene cuando le caes mal al camarero, explotado y malhumorado, porque le recuerdas a un ser traumático de su infancia. Ahí es cuando arrastras a todos los que vienen contigo a la indiferencia y destierro pinchil. Esto es lo que me pasa cada vez que voy a un sitio que no debe ser nombrado (si quieren publicidad que se paguen un hombre anuncio).
El camarero, al que no conozco de nada, me mira con odio y decide ignorarme hasta que mi acompañante o acompañantes gritan “¡qué chorbu! ¿ye pa hoy?” entonces se acerca, pone buena cara a todo el mundo y a mi me escucha con indiferencia y altanería sin tan siquiera mirarme. Sirve lo ordenado y nunca trae pincho.
El hombre, que debe servir a todo el establecimiento, se pasea, con altanería y soberbia, bandeja en mano dejando viandas en todas las mesas excepto en la mia. Cuando nota tensión en el ambiente pasa desafiante con la mirada al frente, ajeno a toda clase de insultos propinados por la concurrencia. Si oye un comentario levanta la cabeza, si oye un insulto sonríe. Así que hartos de ser menospreciados, hoy decidimos vengarnos, y para hacerlo pensamos en diversos métodos.
Por veinticinco pesetas, formas de vengarte de un camarero (o en su defecto establecimiento) cuando eres la peor tratada y encima no te ponen pincho:
  • Si eres chico mear la tapa, o en su defecto paredes y suelo.
  • Romper varias servilletas en mil cachos y luego tirarlas al suelo para que barra hasta que la escoba se le quede sin pelos.
  • Atascando el baño a la antigua usanza o en su defecto con algún objeto no identificado.
  • Pagar tu consumición con monedas de céntimo.
  • Gritarle cosas feas al camarero sobre su familia y demás parentela.
  • Esperarlo a la salida y llamar al amigo más chungo que tengas para que lo asuste.
  • Decirle que si no te pone pincho, no podrás alimentar al hijo suyo que llevas en tus entrañas.
  • Dejar caer el rumor que los pinchos del sitio los hace un chino gordo con las uñas largas y llenas de roña que duerme en el almacen.
  • Hacerte un sinpa.

    ¡¡¡Me cunde miiiiiiiiil!!!
Pues nada, como nosotros estamos todavía un poco verdes en el mundo de la delincuencia juvenil, decidimos intentar pagarle todas las consumiciones con céntimos. No se consiguió del todo pero se recaudó un buen número de chatarra. Así aprendes pa la próxima, ¡chaval!.

Senectud
Mar 10th, 2007 by Lucia
¡Oh Señor!¿por qué me avejentas de esta manera?, ¡quítame la madurez y devuelveme las fiestas locas!.
Ayer fue San Ábaco, patrono de mis estudios. Y por primera vez en estos seis años (es que me da vergüenza reconocer la cantidad de tiempo que llevo estudiando, ¡pero no se escandalicen que este año termino!, los inconvenientes de convertirse en ingeniera) no he ido ni a la espicha, ni a la fiesta. Ya sé que llevo quejándome de que me hago vieja casi desde los comienzos de este blog, pero con la edad se van cogiendo los matices de la vida y he descubierto que no me estoy haciendo vieja, que me estoy haciendo mayor.
No me considero una persona madura para mi edad, soy de la opinión de que tengo 23 tirando pa 15 y no me da vergüenza reconocerlo, porque las cosas pasan cuando tienen que pasar. Un día te levantas y ya no te apetece ir a una espicha, un día te levantas y descubres que eres responsable, estoy segura de que mi madurez terminará llegando, de hecho creo que está a punto de llegar.
¿Cómo conseguí tomar esa decisión tan dura? pues todo comenzó en diciembre, cuando asistí a mi última fiesta universitaria y descubrí que gracias a mi presencia (y a la de mis amigos, por supuesto) la media de edad se acercaba a los 19 años y me dije:”¿qué haces aquí?, ya vas teniendo cierta edad, debes empezar a replantarte tu existencia” y debido a la incomodidad del momento decidí no asistir a más reuniones de ese estilo. Así que cuando llegó el jueves y me desperté me dije:”¿Qué prefieres?, ¿pasar el día totalmente alcoholizada para tener una resaca de campeonato al día siguiente, o un día tranquilo para despertar fresca y lozana?” Así que por el bien de mi hígado decidí quedarme en casa. La vida está llena de duras decisiones y en momentos como estos es cuando una se la juega.
La verdad es que no me arrepiento, porque hay que saber retirarse a tiempo, cuando tu leyenda todavía circula por las aulas. ¿Para qué esperar a quedar mal? mejor irse con dignidad. Debo decir que no ha habido una espicha durante estos años en que no haya seguido todas las reglas de alcoholismo y fiesta loca, me lo he pasado muy bien, por lo que me voy con la conciencia tranquila de haber hecho lo correcto. Me llevo unas cuantas anécdotas estilo: llenarte de barro hasta la altura de la barriga, quemarte el pelo con un mechero, permanecer tirada en unas escaleras en estado catatónico durante un tiempo indefnido… Así que desde aquí comunico oficialmente que mi era de espichas locas ha terminado, lo que no quiere decir que haya dejado de salir de fiesta o que el alcohol no llene mi vida en ciertas ocasiones. Es sólo que esa etapa de mi vida ya la he dejado atrás. Atrás quedarán las imagenes de cómo una chica borracha, en la cafetería de mi escuela, llevada en brazos por dos amigos se mea encima sin poder evitarlo, atrás quedará la imagen de acompañar a una amiga borracha en un viaje sin fin en el autobus urbano ante la mirada de desaprobación de toda la comunidad viejuna de esta mi ciudad… Son cosas que jamás se olvidarán y permanecerán en mi memoria hasta que deban ser contadas a mis nietos.
Eso sí tras dos días de reposo en casa, esta noche toca salir a divertirse. Les mantendremos informados.

Because I love la sidra

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